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Bolg de Crecimiento Personal

El cambio empieza en ti, tu eres el cambio

Es realmente admirable ofrecer ayuda a quienes la necesitan, pero a menudo no discernimos si nuestra ayuda es verdaderamente beneficiosa o si perpetúa la pereza y la irresponsabilidad. Muchas personas esperan que hagamos todo por ellas, quitándoles su sentido de responsabilidad y habilidades de toma de decisiones. Esto, en realidad, no les beneficia sino que perpetúa su dependencia y les impide aprender a ser independientes. Sin embargo, hay una profunda historia budista llamada “Los dos pichones y el halcón” que te alentará a reflexionar sobre si debes brindar apoyo a aquellos en tu vida. Destaca la importancia del discernimiento y la sabiduría cuando se trata de ayudar a los demás. Así que, tómate un tiempo para reflexionar sobre esta historia y considerar la forma más efectiva de apoyar verdaderamente a aquellos que lo necesitan sin comprometer su sentido de independencia.

– Albert Cruells

Dos pichones de halcón - Cuento Budista - Albert Cruells

Los dos pichones de halcón - Cuento Budista

El rey recibió como obsequio dos pichones de halcón y los entregó al maestro de cetrería para que los entrenara.

Pasados unos meses, el instructor le comunicó al rey que uno de los halcones estaba perfectamente educado, pero que al otro no sabía lo que le sucedía.

Desde el día de su llegada a Palacio, no se había movido de la rama en la que lo dejaron, hasta tal punto que había que llevarle el alimento hasta allí.

El rey mandó llamar a curanderos y a sanadores de todo tipo, pero nadie pudo hacer volar al ave.

Por la ventana de sus habitaciones, el monarca podía ver que el pájaro continuaba inmóvil encima de su rama.

Entonces, hizo público un edicto entre sus súbditos y, a la mañana siguiente, vio al halcón volando ágilmente en sus jardines.

—Traedme al autor de este milagro –dijo-.

En seguida, le llevaron hasta su presencia a un campesino

—¿Tú hiciste volar al halcón? ¿Cómo lo lograste? ¿Eres mago, acaso?

—No fue difícil, Alteza –explicó el hombre- Sólo corté la rama.

—Al no tener la rama que lo sostenía, se dio cuenta que tenía alas y empezó a volar.

— Cuento Budista

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