El cambio empieza en ti, tu eres el cambio

Este cuento,  Los Críticos,  te invita a reflexionar lo fácil que es la crítica hacia los demás y hacia uno mismo.

El juicio y el prejuicio están ampliamente instalados en nuestra vida cotidiana.

Una parte importante para el desarrollo personal es analizar nuestro grado de juicio y critica, este nos dará el grado de respeto. 

Respeto tanto interno como externo, sin respeto no es posible valorarnos ni valorar, amarnos ni amar.

Despojarnos de la critica y el juicio abre la puerta a la comprensión y a una visión más profunda de como somos y como son las personas de nuestro entorno.

Respetar cuando no estamos de acuerdo con algo o alguien nos permite profundizar en nuestro verdadero posicionamiento.

— Albert Cruells

Los Críticos - Cuento de Gibrán Khalil

Los Críticos - Gibrán Khalil

Viajaba, cierta noche, un caballero montañés hacia la costa del mar.

Llegaba a un lugar cercano de la costa, donde se levantaba una posada.

Se apeó y ató el caballo a un árbol, frente a la puerta, porque, como todos los montañeses, tenía confianza en la noche y en los hombres, y luego entró con los demás.

Cuándo se hubieron dormido todos los habitantes de la venta, y mientras se hallaban entregados al sueño, llegó un ladrón y robó el caballo de nuestro viajero.

Al día siguiente al despertar, el caballero montañés se dirigió al lugar donde había dejado el caballo.

El animal no estaba y en vano lo buscó en todos aquellos lugares.

Se afligió el viajero tanto por la pérdida, como por la amarga realidad de haber entre los hombres alguno que en su conciencia fuera capaz de robar.

Cuando los demás compañeros del viajero supieron la nueva…

Le rodearon y comenzaron a cubrirlo de reproches:

— ¡Qué necio eres! ¿Por qué has atado tu caballo fuera del establo?

— Mucho me extraña que no haya puesto las argollas de hierro en las patas de tu burro. ¡Qué ignorante eres!

— Viajar a caballo hacia las costas es una estupidez, amigo mío.

—Yo creo que nadie viaja en nuestra época a caballo, más que los lerdos y los pesados.

Esas razones elocuentes y la prédica de los viajeros asombraron al montañés, que encolerizado, les replicó:

— Amigos míos: os surgió la elocuencia espontáneamente al enteraros del robo de mi caballo.

Según vosotros, soy un necio porque confié en los hombres y en la noche.

Me habéis enumerado mis errores, pero lo que más me asombra de tanta elocuencia vuestra es que ninguno de vosotros dijo una sola palabra del ladrón que robó mi caballo.

— Gibrán Khalil

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